lunes, 3 de enero de 2011


. .
ESTIGMA
.
[…]

–¡Entre ellos que se solucionen sus problemas! –corta la gallina haciendo un gesto despectivo con el ala–. ¡A ver si ahora vamos a tener que lamentarnos también nosotros por sus desdichas! Ellos son los agresores, que hasta los humanos víctimas de sus congéneres nos tienen por objetos, como dice Rita. Llevamos el estigma de “animales” aquí en la cocorota –se da golpecitos en la cabeza–, marcado a fuego. Si eres animal en la Comunidad humana estás perdido, no eres nadie. Basura. Tal vez tengas suerte si eres un perro de raza, pero se trata de excepciones contadas si nos atenemos a las cifras. En cuanto a la consideración que les merecemos, un animal es una mierda en la Comunidad humana. El estigma nos acompaña siempre, desde nuestro nacimiento perfectamente controlado, hasta nuestra muerte perfectamente mecanizada. Toda nuestra vida, la única que tenemos, “perfectamente” explotados día a día, hasta el final. ¿Queréis que os dé cifras de cuántas de mis compañeras perecen desangradas en una sola mañana, colgadas de las patas como si fueran (fuéramos) racimos de uvas, pasadas a cuchillo por operarios que luego van a la huelga para exigir sus derechos sindicales? ¡Hace falta tener poca vergüenza! Ellos tienen potentes organizaciones que defienden sus intereses, sus derechos, hasta los más nimios. Derecho a esto: ¡claro!; derecho a lo de más allá: ¡estupendo!; derecho a tal y cual: ¡cómo no, sólo faltaba! Y eso está bien, conste, yo haría lo mismo, pero… ¿cómo puedes pedir para ti un aumento de sueldo mientras colocas las cuchillas nuevas que rebanarán el gaznate a diez mil seres inocentes? –la gallina pone tal énfasis y pasión en sus palabras que nadie osa interrumpirla–. Yo misma estaba destinada a la cadena, y allí hubiera acabado de no ser porque el camión volcó en una zona solitaria… Tampoco es cuestión de soltaros aquí la chapa, que cada cual tiene su historia y su drama particular. ¡Pero no seré yo quien derrame una sola lágrima por los humanos, pobrecitos, los asesinos! Además, tienen suficientes organizaciones como para defender sus intereses, vuelvo a lo mismo. Que los colectivos que defienden a los animales apenas tienen recursos económicos, casi ni se les da cancha en los medios, y encima tienen que aguantar la matraca de “primero están los humanos”, que a mí eso me enerva si cabe más todavía. O sea, que defienden la idea de que deben prevalecer los derechos del torturador sobre los del torturado, porque es exactamente eso lo que encierra la afirmación. Yo te encierro a ti y a otros diez mil en naves infectas para quedarme con tus músculos y hacer un guiso, yo te torturo en las fiestas del pueblo y convierto el espectáculo en arte subvencionado, yo te fusilo y me las doy de guardián del medio natural, yo introduzco espuma de afeitar en tus ojos mientras te mantengo amarrado para que no escapes y voy de salvador de los enfermos, yo te despellejo vivo para robarte tu piel y dejo que mueras en la más terrible de las agonías… Pero cuando , animal ultrajado, secuestrado, apaleado hasta la muerte por el capricho más grosero, cuando , animal marcado con el estigma de “animal” te quejas por tu condición de ser inferior, por tu papel de paria entre los parias, y me pides responsabilidades a mí, al agresor, al que empuña el arma ante el desarmado, al único responsable de tu inmensa desgracia, entonces sales con lo de que estás primero. ¡Claro, muy normal! ¡Toda esta puta historia es muy normal, amigos! O sea, primero –señala con el dedo a un imaginario ser humano que tuviera enfrente– y después yo. O mejor dicho, siempre y nunca yo –la gallina, que había ido elevando su discurso a medida que avanzaba, calla de manera brusca, sabiendo que no necesitará hacer ningún esfuerzo para proseguir. Acierta–. Más o menos es así, ¿no, compañeros? ¿He exagerado? ¿La gallina loca ha exagerado? ¿Se le ha ido la olla a la gallina, pobre, todo el día con los focos encendidos encima, que han acabado afectándole el cerebro? –el ave se señala la sien con la punta del ala y describe círculos con ella. El discurso ha finalizado, todos lo perciben así.
Los aplausos son unánimes, y se acompañan de gritos de ánimo. Algunas caras conjugan emoción y rabia, ciertos ojillos se empapan.
.
[…]
.
ESTIGMA [autorrelatos]
.
.
© enero 2011
..

miércoles, 29 de diciembre de 2010


.
MENTALIDAD MEDIEVAL
.
Supongo que, como sucede con tantas otras cosas, también esto va por modas. Me refiero a los llamados mercados medievales, que proliferan por doquier desde hace algunos años sin saberse ni la causa ni el porqué de tan advenediza afición, hasta el punto de que no hay población de cierta entidad que se precie que no celebre su feria anual, donde se supone se recrea con fidelidad la vida cotidiana de nuestros antepasados. Tómenlo como lo que es, una apreciación personal y en consecuencia subjetiva, pero a mí estos eventos me dejan entre frío e indignado. Frío por cuanto se exagera hasta lo ridículo la importancia cultural de los mismos, que apenas pasan de ser en la práctica, reconozcámoslo, meros parques temáticos de fin de semana. E indignado porque se da pábulo a una de las épocas más oscuras de la ya de por sí oscura historia humana, pasando por alto las brutalidades cotidianas de que eran objeto en tales períodos las mujeres por ser mujeres, los niños por ser niños, y los herejes por ser herejes. Hablamos de una época en la que los detritus corporales eran lanzados por la ventana (acompañados si acaso por un berrido de advertencia, y no siempre), en la que el barrio judío era asaltado con macabra puntualidad cada Semana Santa para vengar a Cristo de sus asesinos, un tiempo en el que la violencia más grosera campaba a sus anchas y hacía de los autos de fe y las decapitaciones los espectáculos preferidos por el populacho. Ésa era la verdadera y hedionda Edad Media, a ver si nos enteramos de una vez, y no tanto la representación pueril que nos regalan hoy en los mencionados montajes escénicos.
Con todo, quizá lo más auténticamente medieval de estos escenarios de cartón piedra sea la mentalidad con que son concebidos, a menudo además por –no se lo pierdan– los correspondientes departamentos de Cultura de ayuntamientos y administraciones varias, con sus responsables electos en cabeza, encantados ellos y ellas de haberse conocido, no dándole importancia a la presencia en la feria de la llama de turno, o mismamente de los tomates, elementos unos y otros bien extraños en el medioevo europeo, creo.

Pero no es su talante sobredimensionado y mentiroso lo que pretendo traer a colación aquí, sino un aspecto que, precisamente por no suponer representación alguna, me parece especialmente preocupante a la par que revelador: la utilización de animales vivos como complemento escenográfico de tales iniciativas. En efecto, y mientras todo lo concerniente al ámbito humano se asume como mera representación –hasta casi lo caricaturesco en según qué aspectos, escrito ha quedado–, el ámbito de los animales permanece como seguramente era en aquélla época: gallinas, palomas, conejos, cabras, cerdos y pavos hacinados en jaulones, formando un zoológico caótico y desconcertante; aves rapaces que deben aguantar atadas interminables horas, obligadas a “actuar” ante un público adocenado que ni se plantea que las cosas no han de ser éticamente correctas por el solo hecho de que estemos acostumbradas a convivir con ellas; un grupo de ocas histéricas por la mala educación de mayores y sobre todo de niños, que de vez en cuando son sacadas apresuradamente por su “cuidador” y obligadas a recorrer un par de calles para que el respetable aprecie desde primera fila tan medieval escena; una triste caravana de burritos sin otro quehacer que transportar durante toda la jornada a sus espaldas a pequeños humanos vociferantes, vigilados de cerca por sus orgullosos papás y mamás, animales a los que una cabezada en exceso prieta les acaba llagando las mejillas.

Ni se contempla por parte de los organizadores la posibilidad real de que los animales no humanos –hablo ahora en general– estén cortados por similar patrón que nosotros mismos, que se amen y se odien por análogos motivos (o aun sin ellos), que exhiban esa inquina a picotazo limpio hasta dar muerte a un compañero de celda que por una cuestión tan trivial como su inferior tamaño ni defenderse pudo. Todo esto es filosofía avanzada para quienes conciben en sus mentes el mercado como una postal abigarrada, donde los humanos se comunican a través de teléfono móvil y hacen desaparecer sus orines con un simple gesto manual, mientras los animales conservan intacto su estatus de antaño.
Y al objetivo hecho del maltrato psíquico e incluso físico de unos seres inocentes que no desean estar ahí, cabe añadir la vertiente educativa, pues lejos de enseñarnos nada importante –o al menos esencial–, estos escenarios lúdicos resultan nefastos para los más pequeños, pues afianzan su imaginario de los animales como meros elementos a nuestra disposición, que como tales pueden ser encerrados, montados y azuzados sin el menor remordimiento de conciencia, por la sencilla y contundente razón de que “simplemente son animales”.

Tuve ocasión de explicarle todo esto y algo más (aderezado con fotografías y vídeos de seres heridos y asustados) a la concejala de turno de no importa qué ciudad, y salí con la nítida sensación de que no entendió apenas nada. Me decía que, “al fin y al cabo”, muchos de aquellos animales eran domésticos, como si tal condición les impidiera sentir la punzada en la herida abierta. Uno está ya acostumbrado a no hacer mella las más de las veces ni aun con los más contundentes razonamientos (léase empatía, qué si no), pero me sigue produciendo escalofríos que sea una mujer, “animal doméstico” todavía en tantas partes del mundo e incluso por estos lares hasta hace bien poco, la que muestre ese terrible letargo moral ante el sufrimiento ajeno gratuito, aunque sean (o debido precisamente a su especial vulnerabilidad) animales.
.
© diciembe de 2010
.
[*] Escribí este artículo para la revista 4 Patas, de la Asociación Nacional Amigos de los Animales (ANAA).
.

viernes, 5 de noviembre de 2010


..
NIÑOS DE CUATRO PATAS
.
No creo en Dios. Al menos no en el Dios oficial que nos venden las distintas Iglesias monoteístas, el que ha prevalecido en la iconografía religiosa y por ende en el imaginario popular. Hablo del tipo orondo de poblada barba blanca y cara de pocos amigos que un día, por ignotas razones, decide crear el mundo; que se arrepiente de su obra a las primeras de cambio y opta por hacer borrón y cuenta nueva con nada menos que un diluvio universal donde perecen ahogados todos los animales, incluidos los humanos (excepción hecha de Noé y su prole); que dicta a los hombres su única y magna obra literaria, en la que despliega una auténtica borrachera de misoginia y zoofobia a partes iguales. No creo en ese Dios veleta que primero nos da las plantas como alimento y a renglón seguido carta blanca para sojuzgar todo lo que se mueve sobre la Tierra, empezando por la invitación obsesiva a constantes holocaustos de inocentes animales con motivo o sin él. No en ese Padre vengativo e injusto que desprecia el presente de Caín (agricultor) y reconoce el de Abel (ganadero), episodio que da lugar al que se supone primer asesinato de la historia.
Dicho lo cual, tampoco tengo especial problema en aceptar a Dios como idea filosófica, una suerte de “combustible espiritual” que apacigua nuestra angustia existencial. En definitiva, asumirlo como herramienta y pieza que dote de sentido a nuestro puzzle mental y a nuestra presencia aquí, abocados a una experiencia vital finita y desconcertante. No niego por tanto a Dios en este último sentido, por lo que me adhiero a un ateismo no tanto combativo, cuanto pasivo. Si bien no me opongo a Él con vehemencia, creo sinceramente que la forma más racional de nuestro paso por este valle de lágrimas es en su ausencia.

Este –llamémosle así– “ateismo sereno” hace que no frecuente la Casa del Señor, aunque tampoco soy de los que me niego en redondo a dejarme caer por tan particular espacio si la situación lo requiere. Y a veces sucede (léase bodas y funerales). Precisamente no ha mucho asistí a una misa con motivo del aniversario de la muerte de un familiar. Y coincidió el evento con la celebración de las exequias por cierta persona recientemente fallecida. Fue una ceremonia multitudinaria, pues al parecer el finado participaba de numerosas iniciativas sociales y era por ello tan conocido como apreciado. Pero esta larga introducción no tiene otro objetivo que el de encuadrar la historia que deseo contarles, y que tiene su núcleo en el conmovedor discurso que ofreció uno de sus hermanos al final del acto. Con emoción apenas contenida, alabó la figura de quien les acababa de dejar, e hizo un repaso exhaustivo a los familiares más cercanos. Fue entonces cuando incluyó en la lista a Lagun. No al “perro del fallecido”, al de la familia, sino a Lagun. Y lo hizo de una forma tal que yo supe en aquel mismo instante que me sería casi imposible no elegir esa precisa escena como excusa perfecta para mi artículo mensual. Tras la mención a esposa, hermanos e hijos, el balbuceante orador nos espetó un “…y aunque algunos de vosotros podáis considerarlo improcedente, también quiero mencionar a Lagun, nuestro niño de cuatro patas”. Yo no sé a ustedes ahora, pero a mí me embargó entonces la emoción, y sobre todo me asaltaron multitud de reflexiones al respecto. Y me gustaría hacerles partícipes a través del presente texto de al menos tres de ellas.

Diré en primer lugar que me pareció bien ilustrativo ese preludio del “aunque pueda pareceros improcedente”. Quien hablaba era consciente de que en efecto así se lo parecería a una parte significativa de los presentes (aunque entiendo que nadie se lo demostró tras la ceremonia, dadas las tristes circunstancias, lo que en cualquier caso no cambia un ápice ni el escenario ni sobre todo el fondo de la reflexión), e incluso pueda ser que él mismo necesitase el apunte para no sentirse incómodo. (Tómese esto último como simple conjetura personal). La escena demuestra que, a pesar del lastre moral que nos atenaza y hasta nos secuestra en nuestras emociones, éstas permanecen ahí como una realidad irrefutable. Nuestra ética, y con ella nuestra sensibilidad, nos da un toque en cuanto tiene la menor oportunidad, como si no estuviera dispuesta a perdernos definitivamente sin al menos luchar hasta el último hálito por sacarnos a flote. La confesión pública de afecto que supone el reconocimiento a Lagun en tan dolorosa tesitura supone en realidad una salida del armario no declarada. Las ideas religiosas, con toda su carga irracional, deben cambiar con urgencia si quieren detener la sangría de creyentes. Y acaso la fórmula sea más sencilla de lo que sus líderes creen: quizá consista en incluir de una vez por todas a la naturaleza en general y a los animales en particular como parte de su ideario.

La segunda cuestión atañe al hecho de que “los animales son nuestra familia”, y ello hace que demasiadas veces tan arrolladora evidencia necesite ser maquillada e incluso ocultada por quienes así la perciben. Llegados a este punto, me parece apropiado rescatar cierta expresión que le oí a un profesional de la psiquiatría con motivo de una [magistral] conferencia sobre los perjuicios que puede causar y de hecho causa a los humanos la agresión a los animales. En un momento dado de su intervención, el ponente habló del “duelo no autorizado”, refiriéndose al hecho de que vivimos en una sociedad que no acepta (no autoriza) todavía el duelo abierto, sincero y público por los animales. No creo inventarme nada si digo que la natural congoja que nos oprime cuando perdemos a nuestro querido perro, gato, o hámster, no puede ser compartida sino con ciertas personas que sabemos como nosotros. Se crea así una suerte de “subgrupo invisible”, no oficializado, compuesto por miembros que se saben especiales, y que por ello corren riesgo real de ser amonestados por la comunidad. Percibo que una decreciente mayoría sigue viendo desproporcionado –cuando no ofensivo– que nos aflijamos por Lagun en según qué grado. Por eso cuando nos abandonan sentimos la necesidad de desahogarnos con quienes sabemos nos comprenderán en nuestra inmensa desdicha. Continuamos alimentando la cultura de la represión emocional. La heredamos de nuestros mayores y se la endilgamos a nuestros descendientes sin hacerla pasar por el tamiz del escrutinio ético. Y ello no puede traernos sino mayores dosis de racanería moral, cuando lo que de verdad urge es abrir las puertas de par en par a nuestras sensaciones más puras.

Y hay, en fin, una tercera reflexión que me provoca el pasaje referido: la que presupone que manteniendo una prudente distancia emocional, e incluso un manifiesto desafecto hacia todo lo no humano agradamos a Dios. ¿Por qué presumir que actuamos correctamente con los animales, con nuestros “niños de cuatro patas”, y que el Sumo Hacedor está de acuerdo con tanto dolor infligido a inocentes en las situaciones más gratuitas? ¿Nunca se nos ocurrió pensar en un Dios animalista? Quién sabe si la incapacidad divina para impartir justicia en este inmenso matadero afecta por igual a humanos y bestias, es decir, que, por razones que escapan a nuestra comprensión, el Altísimo se muestra en igual grado incapaz de hacer efectivos algunos de sus famosos atributos cuales son entre otros su omnipotencia y su infinita bondad. En definitiva, y puestos a creer en algo tan extraño como un tipo que decide ponerse manos a la obra y crear este extraño proyecto que surge de la nada y a la nada parece conducirnos, no sería desde luego estrafalario imaginar un Dios afectuoso con los animales y por tanto furioso con nuestra agresiva actitud hacia ellos. Es más que probable que nos equivoquemos con estrépito al pensar que alguien tocado por una absoluta bondad, al tiempo que infinitamente ecuánime, pueda dejar abandonados a su suerte a los más inocentes entre los inocentes. Si acaso toda esta locura tiene algún sentido, me abono a la hipótesis de un Dios animalista, que cometió el craso error de dejar en manos humanas algo tan particular como su legado literario, conociendo a ciencia cierta que redactaríamos un texto a nuestra imagen y semejanza, y no tanto a la suya. Pero entonces lo de la infinita sapiencia divina también se desmorona.
.
© noviembre 2010

[*] Los amigos de la Fundación Altarriba tuvieron el detalle de invitarme a participar en este ilusionante proyecto: la revista on-line ALTARRIBA [+MÁS. Mis mejores deseos en esta nueva andadura.
.

jueves, 28 de octubre de 2010



.
ESTIGMA [autorrelatos]
.
Estimados amigos y amigas:

Tengo el gusto de presentaros mi segundo libro: ESTIGMA. Se trata esta vez de una colección de veinticinco relatos breves –algunos no tanto– a través de los que abordo ciertos eternos temas que acompañan al ser humano desde siempre: el amor, las ideologías, la banalidad, la violencia, la fatalidad, la mentira, la fragilidad de la vida… Aspectos de nuestra naturaleza que como tales seguirán formando parte de nuestro equipaje en lo que nos queda de camino, mucho o poco.

Este libro habla también de un tal Mariano Rajoy –a la sazón Ministro del Interior–, que rectifica y pronuncia bien Segi, con ge suave. De una niña que interpela a su papá sobre el tono moreno de su piel. De un desayuno ilusionante. De una estación fantasma. De un acalorado debate televisivo. De un rey agobiado por no saber de dónde proviene la expresión “sangre azul”. Del tórrido encuentro entre la doctora jamona y su paciente impaciente. De un parque con personalidad propia. De un pescador aburrido. De periodistas que dejan huella y hasta profundas cicatrices. De perros que no muerden. De una reunión clandestina.

Se trata de textos cargados de humor y sin embargo a menudo en clave reivindicativa (¿por qué ambas cosas deberían excluirse mutuamente?), y sobre todo supone un abierto convite a la reflexión.

Los animales pueblan por derecho propio muchos de los relatos –algo inevitable, supongo, en mi caso concreto–, y aun se erigen en protagonistas de algunos de ellos. Precisamente el último, un contundente y descarnado alegato animalista, presta su título a la obra.

Los textos se acompañan de bellas ilustraciones creadas en exclusiva para este trabajo por Carme Fitó, en su día dibujante y escultora profesional, hoy dedicada a la antropología. Agradezco desde aquí efusivamente su disposición personal, así como reconozco el resultado de su trabajo. Moltes gràcies, Carme!
.
.

domingo, 19 de septiembre de 2010


.
PREGUNTAS
.
En calidad de portavoz de una organización animalista, trato con periodistas casi a diario desde hace más de veinte años. Por eso sé –o creo saber– de qué va esto. Lo sé hasta el punto de que un amigo abogado me recomienda que no acuda a los tribunales para reivindicar mi derecho al honor, pues en el mejor de los casos supondría el despilfarro de unos recursos en tiempo que no poseo, y prefiero emplearlos en mejores causas. Me dice que al final no compensa. No importa que alguien en nómina decida reservarte epítetos tan poco amistosos como “majadero descerebrado”, “cretino”, “terrorista intelectivo”, o “imbécil”. Entre otros. No importa que manifieste ufano que, en caso de tener un familiar entre las víctimas de la abyecta actividad terrorista, me daría “una somanta de hostias hasta que me saliesen cuernos y rabo”, para luego dejarme en manos de un tal José Tomás, por que hiciera conmigo lo que ahora hace con seres tan inocentes como yo con su mismo aplauso –me refiero al del periodista–. No importa nada de todo esto aunque se firme, se rubrique y se cobre, porque las cosas son como son y el mundo está montado como está montado. Es lo que hay.

Hace referencia el Sr. Nuñez a unas declaraciones mías. Supongo que se refiere a las del reciente mes de agosto. Digo lo de “supongo” por ubicarlas, pues es lo mismo que llevo afirmando (y sobre todo reflexionando) desde mediados de los pasados ochenta, echen cuentas, sin que al parecer nadie se haya dado por aludido. Lo mismo vomitado cientos de veces a prensa, radio y televisión, escrito otras tantas, y hasta un voluminoso libro recuerdo haber escrito donde desarrollo ciertas ideas con la serenidad y el espacio que merecen. Pero agosto es un mal mes para pensar, y peor aún para hacer partícipes de esos pensamientos a los periodistas, estando como están de vacaciones futbolistas y políticos. Un peligro. Y –qué quieren que les diga– mi condición de vasco no ayuda precisamente a eso que llaman “rigor informativo”. Quédense con esto: si tales afirmaciones las hace un extremeño allá por febrero, aquí nadie dice ni mu (lo siento, la expresión me salió sola). Resulta ontológicamente imposible –esto ahora se dice mucho– que el Sr. Nuñez haya leído mis declaraciones completas sin haberlas entendido, por muy provocadoras que le parezcan. Porque si lo hubiera hecho apreciaría en ellas una inequívoca condena a cualquier forma de violencia gratuita ejercida sobre inocentes, y no una condena parcial según especie, como la que desde luego percibo en él. Si alguien impasible ante ciertos sufrimientos ajenos se cree con autoridad moral para afear la conducta de quien asume una solidaridad global, es que las cosas están aún peor de lo que yo mismo pensaba.
De verdad que no se trata de ponerme ahora a replicar cada uno de los exabruptos que vierte en su escrito la persona mencionada. Tocando los cincuenta, me siento terriblemente viejo y cansado para ello. Es algo mucho más simple: demostrar con hechos nuestra cacareada naturaleza racional, y sobre todo ética.

Confieso que a mí siempre me sedujo la fórmula mayéutica de Sócrates, que no perseguía sino atar verdades haciéndose preguntas. La mismas que yo me hago a diario y para las que con frecuencia no encuentro respuestas. Preguntas como si acaso procedería dejar de buscar el famoso eslabón perdido, dado que quizá seamos nosotros mismos el interludio entre la irracionalidad salvaje y el verdadero ser humano. Con familia (humana y animal) e ilusionantes proyectos, sólo espero no tener que acabar haciendo uso de la cicuta.
.
© septiembre 2010
.
[*] Este texto es el derecho a réplica que me concedió el Diario de Jerez por la publicación de un artículo donde se me insulta de manera flagrante y se me amenaza de forma velada. Casi diría que una y otra cosa apenas me molestan a estas alturas, si no fuera porque quien las perpetra aplaude orgulloso el crimen de la tauromaquia y ejecuta animales inocentes como cazador deportivo. Y además ni siquiera empleó diez segundos de su tiempo en tratar de entender el sustento argumental de mis declaraciones ni tuvo en cuenta el contexto en que fueron realizadas. Como anécdota, puede comprobarse la línea de los comentarios dejados por distintos lectores del citado diario al respecto.
.
.

lunes, 6 de septiembre de 2010


.
Kepa Tamames: "Zorionez, askatasun mota
batzuen kontra egitea bidezkoa da"
.
Bilboko Aste Nagusiaren barruan, ATEA, Animaliakazko Tratu Etikoaren aldeko Alkarteak tauromakiaren gaineko informazino eta salaketa kanpainea egin dau WSPA [World Society for the Protection of Animals], munduko erakunde animalista garrantzitsuenagaz batera. Zelakoa izan da erantzuna? Zenbat lagunek egin dabe zezenketen kontra?

Kanpaineak gure aurrikuspen guztiak gainditu ditu. Egunero ia 600 sinadura jaso doguz eta, beraz, Aste Nagusiko bederatzi egunetan, bost mila lagunetik gora izan dira zezenketen kontrako agiria sinatu dabenak. Gizarteari aukerea emon deutsagu zezenketen aurrean jarrerea hartzeko eta erantzuna argia izan da. Pozik gagoz ze urteetan zezenketen gaiaran aurrean, ardurabakokeria edo nagikeria erakutsi izan daben lagun askok orain ezezko argia adierazo dabelako. Cataluinian zezenketak galarazoteko oraintsu parlamentuan hartutako erabagia sano garrantzitsua izan da eta gurean be atzera bueltarik bako gaiak dirala pentsetan dogu, oro har, animalien eskubideen gaia eta, jakina, tauromakia, azken hau animaliak torturatzeko modurik baldarrena baita.


Edozelan be, ez dira gitxi tauromakiaren kontrako jarrerea Euskadin gizartearen zati txiki baten jarrerea dala dinoenak...

Nik ezetz uste dot. Jakina, pertzepzino kontuan bakotxak berea dauka eta guk jarrera zabala atzemoten dogu. Hori bai, gauzak argitze aldera, eskabide zehatza egin deutsegu erakundeei eta Eusko Jaurlaritzeari herritarren eretxia jakin ahal izateko kontsultea deitu daien. Harrigarria bada be, EAE da estadu espainolean autonomia erkidego bakarrenetakoa holako kontsultea egin ez dauena. Kontuak kontu, jakin badakigu Eusko Jaurlaritzeak ondo gogoan hartu dauela gure sinadura batzearena.


Jasotako sinadura guztiak Eusko Legebiltzarreko buruari aurkeztuko deutsazuez irailaren azken aldera baina, jakina, pausu gehiago emon beharko dira Euskadin tauromakia galarazotea lortzeko...

Jakina. Sinadura batzea sinbolikoa izan da baina sano esanguratsua dala pentsetan dogu; hau bidea urratzea izan da, prozesua ez da erraza izango baina itxaropentsu gagoz. Atara kontuak, zezena torturau eta hilten dan ikuskizuna publikoa da eta askotan diruz lagundutakoa eta hori bateraezina da gizarte aurrerakoi batean, onartezina. Ganera, 1993ko Legearen arabera, gurean debekatuta dago etxe-abereak abandonetea eta orduan zelan da posible zezenketak legezkoak izatea?


Lehen aitatutako kanpainearen barruan, irailaren 22an, Donostian zezenketei buruzko jardunaldia izango da CAMA, Udalaren menpeko Ingurumen Aholku Batzordearen ekinbidez. Sano adierazgarria...

Bai. Honezkero badakigu Donostiako jardunaldi horretan Anna Mulá izango dala gure artean, abokatua eta Kataluinian zezenketak galarazoteko ekimenaren sustatzailea izan dan Prou! Plataformako bozeroailea. Hango esperientziaren barri emongo deusku eta gure kasuan zelan jokatu zehazteko jarraibideak eskainiko deuskuz.


Aurrerago, udagoinean edo ATEAk euskal legebiltzarkideakaz batzartzeko amesa dauka proposamenak eta ardurak alkartrukatzeko. Oraingoz ze jarrera atzemon dozue?

Bai, Legebiltzarreko 75 legebiltzarkideakaz egongo gara, baita Patxi Lopez lehendakariagaz be eta asmoa horixe da, batetik, guk geure jarrera eta sentsazinoen barri emotea eurei eta, bestetik, herritarron ordezkariak diranen eretxia jasotea. Gero, jakina, batzarrotako ondorioak gizarteari helarazotea da asmoa.
Egunotan entzun izan doguz gauza batzuk alderdi politikoetako ordezkari batzuen aldetik eta beste kasu batzuetan isilik geratu dira, besteak beste, agenda politikoetatik kanpo dagoala zezenketen gaia edota debekua beste barik ez dala konponbidea. Nik uste dot politikoen agendea ez dagoala hasieran betea, hau da, gaiak, beharrizanak sortu ahala joan behar da osotzen eta tauromakiaren gaia mahai gainean dago gai serioa dalako, kasu honetan, zezenari mina, sufrimendua, torturea eta heriotzea eragiten jakozalako eta hori onartezina da gizarte aurreratu batean. Herritarren ekinbidea ondo dago, jakina, baina gizarte zibilak ez dauka astirik, ezta baliabide ekonomikorik be holako gai bat aurrera eroateko eta, beraz, herritarron ordezkari diran politikoek zeresan handia dabe gai honetan. Hasteko politikoei jarrera argia hartzeko eskatuko deutsegu animalien sufrimenduari buruz eta antzeko gaietan.
Dana dala, galdereari zehatz erantzunez, oraingoz komunikabideetan entzundakoak baino ez daukaguz; esan gura dot aurrez aurreko hartu-emonik ez dogula izan eta beraz, oraindino ez dago jakiterik jarrera ofizialak zeintzuk izango diran ze nik esango neuke tauromakiaren aldeko eta kontrako lagunak topau geinkezala ia alderdi guztietan.


Animalien sufrimentua lako gaiak nahikoa korapilatsuak izan daitekez, izan be, hiltegien gaia eta gure herrian hain zabaldua dagoan ehiza be hor dagoz...

Bai. Guk 24 urte daroaguz burruka horretan. Hiltegiak, animaliakaz egiten diran esperimentuak, zezenketak zein beste pizti batzuekaz egiten diran ikuskizunak ikuspuntu moraletik onartzen badoguz, gure ustez gizakion arteko beste biolentzia mota batzuk kritiketako autoridade morala indarrik barik geratzen da. Horixe da eztabaidearen oinarria. Jentea harritu egiten da gure jarrera eta adierazpenakaz baina animalia arrazionalak gara eta horrek, besteak beste, esan gura dau gure inguruan jazoten dan guztiaren aurrean galderak eta planteamenduak egin behar dirala, gero ondorio batera ala bestera heltzeko. Galderei ez jake bildurrik euki behar.


Zezenak ikuskizunetan erabili izana erromatarren inperioaren azken aldian dago dokumentauta eta aurrerago, barriz, 1567an Pio V Aita Santuak De Salutatis Gregis Domicia buldaren bidez debekatu zituan zezenketak. Antxinatik datorren gaia izanik, sano gatxa izango da jarrerak aldatzea, ezta?

Bai, jakina. Belaunaldiz belaunaldi elikatutako egitura mentalaren aurrean gagoz baina bidebako gauzen kontra burrukatu behar dala pentsetan dot. Animaliei buruz, zezenei eragiten jaken sufrimenduari buruz gagoz berbetan baina giza eskubideak be aitatu geinkez; gaur egun munduko leku batzuetan, dozenaka herrialdetan harrikatu egiten ditue emakumeak hil arte. Beraz, giza eskubideen arloan be asko dago egiteko.


'Debekua debekatzea' aldarrikatzen dabenei zer esango zeunskie?

Debekua debekatzea ergeltasun galanta da ze oihanera, legerik bako egoerara, paleolitikora bueltauko ginatekelako. Lapidazinoa, mutilazino genitala, terrorismoa bere horretan itxi behar al doguz? Tristea da baina debekua debekatzearena politikoei entzun izan deutsegu.
Horrezaz gan, zezenketen harian, 'bakotxak egin daiala gura dauena' be entzun izan dogu eta horren ondorioa debekua debekatzearena lakoa izango litzateke, hau da, anarkia hutsa.
Kataluinian zezenketak debekatzea askatasunaren murrizketea dala be esan dabe batzuk eta egia da; zorionez, askatasun mota batzuen kontra egitea bidezkoa da ze askatasuna kolesterolaren parean jarrita, dana ez da ona, kolesterol ona eta txarra dagoz. Beraz, ondorio txarrak, kaltegarriak dituan askatasunen kontra egingo ez bageunke atzera egingo geunke nabarmen. 'Askatasun txarren' kontra egitea betebehar morala da. Oinarri-oinarrizko gogoetea da hau. Herrialde guztietan dagozan legeek be zenbait askatasunen kontrakoak dirala esan daiteke baina hori behar-beharrezkoa da gizarte demokratiko eta aurreratuetan.


Joandako garagarrilaren 28an Kataluiniako parlamentuak zezenketak debekatu zituan eta deigarria da Bartzelona izatea munduko uri bakarra aldi berean hiru zezen plaza aktibo izan dituana...

Bitxia da baina itxaropentsu egoteko motibo gehiago dagoz egoera horren aurrean. Kataluiniako eredua sano mesedegarria izango da alde batean edo bestean zezenketak debekatzeko prozesuan.


Manuel Vicent-ek esandakoa da: 'zezenketak kultura badira, kanibalismoa gastronomia da'. Tradizinoa, kulturea al da tauromakia?

Zezenketak tradizino handikoak dira eta kulturatzat eta artetzat har daitekez, bai. Eta zer? Ba al dago jakiterik artea non hasi eta non amaitzen dan? Gu horretan ez gara sartuko. Holako kontuak onartuta, lehengora joko dot, zezenak sufridu egiten dau plazan eta hori nahikoa arrazoi da horren kontra egiteko.


Koldo Isusi Zuazo


© 2010ko iraila


Hona hemen bizkaie! aldizkari digitalak egindako elkarrizketa bat. Uste dut benetan ondotxo geratu zela, besteak beste jarri zutelako hain zuzen ere esan nuena (ez da gutxi). Ezkerreko astoen irudian klikatuz gero, entrebista bertsio originalean ikustea dago.
.

lunes, 30 de agosto de 2010

.
.
¡PODEMOS!
.
Medio digerida ya la locura erótico-futbolera estival, e iniciado el nuevo período ligero –cuando de narcotizar al pueblo y sobre todo de amasar dinero se trata, descanso, el justo–, quizá sea el momento propicio para reflexionar sobre algunos de los aspectos que acontecen alrededor del llamado “deporte profesional”. De cómo lo “profesional” se acaba convirtiendo en un mal eufemismo de “multimillonario”, y de cómo el “deporte” termina por servir al poder establecido de impagable herramienta para la domesticación social.
Todo el país (por güebos, pues estas cosas no se pueden dejar al azar) empujando desde cada rincón del solar patrio a una caterva de pijos engreídos que apenas son capaces de pararse ante la multitud enardecida a echarles un garabato (¿para qué querrá la gente esos objetos pintarrajeados?). Porque uno puede entender lo de la atracción por el espectáculo, lo de la emoción ante la buena lid, lo del pasatiempo por el pasatiempo. Pero, al menos en mi caso particular, cuesta bastante más comprender que se desembolse una pasta gansa por una camiseta de este o aquel equipo con el nombre del ídolo grabado a fuego en la espalda cual si de un tatuaje indeleble se tratara, hasta que en un par de meses al héroe le pagan un pelín más en el equipo rival y no se lo piensa dos veces, que esto o se aprovecha o se pierde, así ha sido de toda la santa vida, y la camiseta ayer venerada va directamente al contenedor del reciclaje, cuando no al cubo de la basura, por tamaña afrenta al equipo de tus amores, porque la traición no se olvida.

Yo no sé si ustedes se habrán percatado –o pueda ser que servidor adolezca ya de una percepción errónea de la realidad–, pero la información deportiva ya no es lo que era. Ahora parece que se impone hablar de casi todo menos de la competición, como supongo debe ser y de hecho fue siempre. Cualquier cotilleo periférico barato sirve para rellenar la parrilla. Un ejemplo nítido de lo que digo es el microespacio diario que una cadena privada insertaba en sus especiales durante el reciente mundial de Sudáfrica. Tras el bobo título de un minuto sin fútbol, el periodista guay cogía por la pechera a un jugador de la selección –o a un miembro del equipo técnico, porque sabido es que tratamos con una piña humana indisoluble–, y le largaba preguntas generales sobre lo divino y lo humano, en un reto inédito, pues no solo de furgol vive el hombre. Eso sí, le endosaba primero al invitado un aipad de esos para que no se lo tomara demasiado en serio, no fuera que le cogiera el gusto a lo de pensar y abandonara la concentración en el hotel de cinco estrellas, con lo que nos jugábamos, para que mientras contestaba el sesudo formulario se entretuviera matando marcianitos. Y el chico se entretenía, sumiso como un perrillo. Una de las preguntas estrella hacía referencia a su ética personal: ¿Qué borraría del mundo? Dedica varios años de tu juventud a hincar los codos para esto (hablo del plumilla). “Las injusticias”, contestaban todos como programados por la dirección de la cadena. “¿Alguna en concreto?”, les espetaba el sujetamicrófonos. “No, en general”, respondían indefectiblemente los chicos. […] ¡No me digan que no les dan ganas de coger al equipo redactor y al entrevistado y ahogarlos en orín! Créanme, no soy de los que aplaude la violencia porque sí, pero casos hay en los que ésta, lejos de merecer ser condenada de manera ramplona, se impone como un deber moral. (Es broma).

Otra. En plena crisis, la Federación no tiene empacho alguno en destinar una partida económica mareante para pagar a los chicos de la roja, como si éstos necesitaran tal incentivo para ponerle más furia a su curro diario. Se me ocurre que, una vez que el dinero te sale por las orejas, bien hubiera estado el detalle de rechazar la prima, pues en alguna parte leí a alguno de estos héroes de plastilina que es un privilegio trabajar en lo que más te gusta y encima hacerte rico. Pero no parece que el altruismo sea una de sus características, por mucho que colaboren en ciertos momentos con alguna que otra oenegé humanitaria –y en contadas ocasiones animalista, casos hay–. Y con semejante panorama, los creadores profesionales de opinión, que son ejército, ante la mera posibilidad de que a la peña le dé por cavilar y hasta llegar a la conclusión de que todo esto es una puta vergüenza, nos recuerdan que el éxito futbolero activa la economía, qué mejor receta en los tiempos que corren, y aderezan su diagnóstico con imágenes de tabernas atestadas de forofos, embutidos éstos en camisetas y bufandas, armados hasta las cejas de vuvucelas varias, atiborrándose a cerveza y patatas bravas, ocultando la evidencia de que aquí no hay para todos, y que si nos dejamos los ahorros en el bareto del barrio no lo hacemos en el restaurante de postín del centro, el lugar menos sugerente del mundo cuando de celebración desatada se trata.

Por cierto. Yo ya sentía desde mi más tierna infancia un, digamos, escaso apego a la bandera patria, desafección que se ha ido reconduciendo con el paso del tiempo hacia una contenida antipatía, y que con el atracón de julio se ha instalado en sincera hostilidad. Es lo que hay, y asumo que tal confesión me creará todavía un mayor número de enemigos, por si éramos pocos. A estas alturas, me da un poco lo mismo, y ni siquiera estoy seguro de que esta actitud indolente sea ni buena ni mala. Pueda que se trate a estas alturas de pura y jodida supervivencia.
Uno, pesimista moderado por naturaleza, alberga la secreta esperanza de que todo esto nos haga ver que todavía podemos reconducir la situación, acaso por el triste consuelo de que ciertas cosas parecen haber tocado fondo. Por aquello de que el optimismo sale gratis, quizá sea el momento de retomar con brío renovado un halo de esperanza en el ser humano, el único animal obsesionado por recordarse a sí mismo su carácter racional, tanto que con frecuencia se olvida de usar tan preciado don, y recordar que todavía estamos a tiempo de discernir con una mínima solvencia entre lo importante y lo esencial. ¡Podemos!
.
© agosto de 2010
.