viernes, 29 de mayo de 2015
viernes, 17 de abril de 2015
¡BASTA YA DE MALOS
TRUCOS!
La persona
encargada de limpiar el descansillo de la escalera se afanaba en dejar todo
como los chorros del oro, cuando oyó que algo se movía dentro de una de las
cajas apiladas junto al ascensor. Se acercó entre asustada y curiosa… ¡Un
conejo tricolor! Solo un milagro
salvó al roedor de acabar en la basura.
¿Qué se esconde detrás de los números de
magia con animales? “¡Quién puede
saberlo, si es magia!”, respondería el gracioso de turno. Sucede a veces que un “desliz” destapa cierta realidad que jamás
hubiéramos relacionado con el abuso hacia los animales. Hace no mucho, el mago
más mediático de este país olvidó parte del atrezzo de su espectáculo: un conejo. El
animalito fue hallado en el interior de una caja de cartón, tal y como lo dejó
el artista cuando abandonó el teatro camino de otra ciudad. Al parecer, ni
siquiera era la primera vez que tal cosa sucedía en Málaga.
Pensemos en el “todo”: en todos los conejos
obligados a permanecer durante horas dentro de diminutos cubículos hasta que
les toca entrar en escena: saliendo de una chistera o cayendo de una nube
algodonosa; en todas las palomas estrujadas por chaqués imposibles hasta que… ¡Ale Hop!: una hermosa tórtola blanca irrumpe en el show para
delirio de niños y grandes. En todos los leones, guacamayos y hasta flamencos
que parecen salir de la nada, pero a los que las leyes naturales condicionan
con las mismas y exactas reglas que a sus compañeros de especie; las mismas que
nos condicionan, sin ir más lejos, a usted o a mí.
Uno se nutre de intuiciones y sospechas.
Bañadas en sentido común, eso siempre. Y como no me muevo en el mundillo del
ilusionismo, pensé que lo apropiado era contactar con un mago, animalista para
más señas, y que él me contase. Y me cuenta Magic Néstor que no vamos tan desencaminados
quienes fruncimos el ceño al ver números de magia donde aparecen bichillos,
sean las clásicas palomitas o enormes serpientes. “En efecto, todo esto se nutre de la `ilusión´, como
bien indica su nombre; pero lo cierto es que las tórtolas han de pasar
necesariamente por situaciones muy incómodas para ellas. Aquí no hay truco que
valga: si salen de ahí y no entraron durante el espectáculo, es que, en algunos
casos, pueden llevar en el bolsillo interno un buen rato”. Así de
simple. “Este elemental
hecho hace que, objetivamente, tras ciertos trucos haya sufrimiento animal. Por
eso yo los rechazo como imperativo ético personal”. Pero,
por desgracia, Magic Néstor constituye una [honrosa] excepción
entre sus compañeros, pues apenas pueden contarse con los dedos de una mano
quienes siquiera se plantean que el uso de animales en la práctica del
ilusionismo pueda ser contraproducente. “Me consta que la mayoría entre aquellos que incluyen animales en sus
shows procuran darles un buen trato; pero ni en el mejor de los casos es un
trato respetuoso”. Me cuenta de paso que no será la
primera vez que un artista abre entusiasmado su frac para
que salga revoloteando la tortolita de turno, y que de allí solo cae a plomo
sobre la tarima un cadáver. Porque las colúmbidas tienen la ancestral costumbre
de morir asfixiadas en según qué casos. ¡Y no hay magia que valga para traerlas
de nuevo a la vida! O abrasadas en plena actuación con el fuego que también
formaba parte del número. O ahorcadas
con el arnés que rodea su cuerpo para una más sencilla manipulación. Estos
`accidentes´ en directo suponen, sin duda, la mayor mácula publicitaria para un
mago, pero cabe suponer que serán apenas una parte de los que ocurren durante
los ensayos en privado.“Los ensayos son muy duros para los animales,
pues se basan en repetir los mismos trucos una y otra vez. Estar acostumbrado
no significa estar bien. Así, literalmente anulados, pasan de comportarse como
seres autónomos a hacerlo como meros autómatas”.
Como en casi todo lo que tiene que ver con
el uso de animales que no conlleva `agresión pública´, su presencia en el mundo
de la magia debe analizarse –acaso de manera prioritaria– desde una perspectiva
de la educación, dado que hablamos de una actividad especialmente diseñada y
dirigida al sector infantil. “Quizá lo que más me irrita es que se ha acabado dando a entender a los
niños que, sin animales, el espectáculo decae. Lo primero que nos preguntan los
chavales es si vamos a sacar animales. Yo les digo que no, y aprecio en sus
caras una mueca de decepción. Luego les explico el porqué, y algunos lo dan por
bueno. Eso me reconforta”. Magic Néstor tiene
toda la razón, pues hay magos que se rodean de casi cualquier especie que pueda
dar juego ante la mencionada audiencia. Incluso muchos de dichos animalitos
(siempre de aquí para allá, manoseados, teniendo que soportar viajes, ruido
ensordecedor, flashes de cámaras, y que pasan la mayor parte de sus vidas en
oscuros camarotes) ni siquiera participan en el show, limitando su papel al de simples acompañantes
para fotografías con telón de fondo. ¡Qué cutre! Hay quien
publicita sin rubor a través de su página web las características y pautas del
espectáculo, basado en la presencia de animales, a través de los cuales los
críos “interactuarán” durante el show. ¿Exageraba al calificarlos deatrezzo?
“Los animales son un gancho fácil para los
niños, quienes, al fin y al cabo, están en plena construcción de sus valores.
Pero es ahí donde radica el mal, pues acaban percibiéndolos como meros
elementos ornamentales de un escenario, similares en importancia estética a la
varita o a la chistera. Ello alimenta sin duda la idea de `cosificación´ de los
mismos. Tras conformar su universo ético, no es fácil la reeducación”, se lamenta Magic.
El reclamo animal se ha convertido para
algunos magos en su verdadero leitmotiv, cuando no
en una obsesión. Es famoso el caso de la pareja de ilusionistas de Las Vegas Siegfried & Roy, especializados
en grandes felinos. El segundo fue atacado hace algo más de una década por
Montecore (1997-2014), uno de sus tigres albinos, durante una actuación, tras
lo que quedó afectado para siempre, a tal punto que este hecho puso punto y
final a la exitosa carrera del dúo.
“Creo sinceramente que la magia se
desvirtúa usando animales. Como estoy convencido de que su uso trata en muchos
casos de maquillar una pobre técnica. Un mal mago lo disimula mejor si distrae
a su público con trucos de palomas y conejos. Cualquiera triunfa como mago ante
un público infantil y con animales”, se atreve a rematar Magic Néstor, consciente de que estas declaraciones
no le granjearán demasiados amigos en su ámbito artístico.
Por supuesto que hay una magia digna y
luminosa, como mismamente sucede con el circo. Pero con toda probabilidad está
lejos de la que usa [y abusa de los] animales. ¡Hasta existen trucos (inocentes y
bienintencionados) dirigidos a un público animal!
Por suerte, el conejito olvidado por el
mago en Málaga no volvió con él, sino que fue a partir de entonces tutelado por
la Sociedad Protectora local, que tratará de buscarle un mejor compañero. No
será difícil. Juan, cariño…
por lo que a mí respecta, podrías desaparecer de la faz de la tierra durante un
largo periodo de tiempo. Muchos no te echaríamos de menos. Tú, mejor que nadie,
sabes cómo hacerlo: ¡Ale Hop!
[*] Escribí este artículo para la
sección El caballo de Nietzsche, un blog
animalista dentro de eldiario.es.
( abril 2015
viernes, 20 de marzo de 2015
C
LOS DOSCIENTOS DE CERVELLÓ
El Santuario de Cervelló (BCN) vive una situación de extrema necesidad. Sí, ya sé que es el caso de
muchas iniciativas similares en todo el Estado. Pero la urgencia general no
aliviará a sus inquilinos.
Desde el pasado 1 de diciembre, la Fundación
Altarriba (propietaria de las instalaciones) cedió su gestión a la asociación DAYA, que se ocupa desde entonces de los animales
residentes: más de doscientos entre perros y gatos. Muchos de ellos padecen
dolencias crónicas, con lo que esto supone de gastos veterinarios. Y otros son
ya viejecitos, razón de más Para que sus cuidadoras deseen ofrecerles la mayor
calidad de vida en su última etapa vital. ¡Se lo merecen!
La cuestión es que, con motivo del traspaso, una parte significativa de la
masa social, cuyas aportaciones sustentaban el proyecto, se esfumó, quizá
creyendo –erróneamente– que, como tal, tocaba a su fin. Pero, por fortuna, el
proyecto continúa adelante. Allí se siguen moviendo colas y permanece intacta
la ansiedad por una caricia en el lomo. Porque sus peludos residentes, como
buenos perros y gatos, apenas requieren para ser felices la compañía y amistad
de las personas que desde hace años les atienden.
Quienes llevamos en el ajo alguna que otra década sabemos bien que el
manejo de este tipo de “familias numerosas” no siempre se hace desde el deseado
equilibrio entre racionalidad y corazón. Me consta que no es el caso.
Estoy seguro de que la defensa de los animales con los pies en el suelo es algo
cada vez más común, por suerte para los defendidos. Y creo que un buen ejemplo
es DAYA y sus responsables.
Pues sí, en efecto… Si acaso no ha quedado claro en lo que va de artículo, lo
que necesitan es apoyo económico. ¿Qué si no? Porque aquí no hay truco que
valga: por mucho empeño que se ponga, poco puede hacerse sin fondos en la cartilla.
Ustedes perdonarán la cursilería, pero justo ahora que llega la primavera,
quizás sea un buen momento para rascarnos el bolsillo y encima dormir con la
conciencia [aún más] tranquila. Echemos a esta gente una mano. ¡O dos!
( marzo 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
SOBRE EL SUFRIMIENTO
Me cuenta
una amiga que hay “lágrimas gustosas”, tras confesarle yo que lloré como una
madalena durante la lectura de un artículo de opinión que
tuvo a bien compartir. Porque no puedo evitar emocionarme ante un perro
anciano; sobre todo si tiene un pasado biográfico oscuro y encontró en un
momento dado lo que todo el mundo anhela: una vida digna y razonablemente
feliz. Sé que debiera alegrarme por el cambio, y de hecho lo hago, cómo no; mas
no puedo evitar que me torture la idea de lo irrecuperable de aquella otra vida
de miseria que le tocó al pobre animal, sin culpa alguna, solo por haber sido
designado “perro de guardia”. Creo que el artículo referido lo refleja a la
perfección.
Y me surgen
con ello ciertas reflexiones sobre el sufrimiento
en tanto que experiencia humana: por ejemplo, que, en su propia esencia, no es
ni bueno ni malo, que es tanto como decir que puede ser ambas cosas, según cuánto
y cómo.
Le comentaba a mi amiga en rápida respuesta de correo que el sufrimiento viene
a ser como el colesterol: ángel o demonio. Nos dicen que tenemos colesterol y
salta la alarma; y es que el galeno se refiere al malo, pues el bueno es esencial
para la vida, como casi todas las sustancias corporales. Y hay, en fin, un
sufrimiento angelical, que nos avisa de que acabamos de apoyar la mano sobre
una superficie incandescente, o de que nos hemos perforado la piel con la
aguja. Como hay un dolor emocional que nos repara y nos fortalece, y que en
ocasiones, también es cierto, nos entierra en vida. Pero el sufrimiento (físico o psíquico) tiene su función, vaya que sí,
pues sin él, por amargo que se presente en todas sus fórmulas, no hubiéramos
llegado hasta aquí.
Distinto es
el sufrimiento infligido, consciente y gratuito. Acudimos al dentista con gesto agrio,
sabedores de que no es plato de gusto eso de que te hurgue en las entrañas
bucales un tipo con mascarilla y ceño fruncido, bajo una luz cegadora, y que
encima comiencen a sonar a tu alrededor microtaladros y tenacitas varias. ¡Uf! Allí
sentado, yo siempre me acuerdo de los conejitos de los laboratorios a los que
hacen todo tipo de canalladas para probar una crema facial, un colirio o una
pasta de dientes. Quizá recurra mentalmente a ciertas imágenes de animales
inmovilizados en las mesas para recordarme a mí mismo que yo podría en ese
momento parar la mano del doctor, decir que lo dejamos, que vuelvo otro día, o
que no vuelvo. Solo mover un dedo, y la tortura cesará. Los “animales de
laboratorio” no tienen opción alguna a frenar su infierno, y estoy convencido
de que muchos pedirían morir (sin sufrimiento) ante la alternativa que se les
ofrece: retorno a la jaula > malestar general > recuperación > regreso
a la mesa > vuelta a empezar.
Es ese
sufrimiento gratuito causado al otro el que debemos procurar evitar a toda
costa, sea por acción u omisión. Porque acaso sea esta última una de las armas
más poderosas con que contamos los animales éticamente activos: no hacer. Por supuesto que es más
que loable parar la mano del que golpea al gato indefenso, ayudar al caballo
que por sí mismo no puede salir del fango, robar la gallina enferma para
ofrecerle una pradera soleada, rescatar al perro de la calle. Pero no menos importante es `ausentarse´ de ciertos escenarios: no asistir a
corridas de toros, no comer carne, no incomodar… Hay quien lo llama boicot, no sin cierta razón. Yo me
adhiero más a la reflexión de Bartleby, el escribiente
de Melville. “Preferiría no hacerlo”.
Provocar a
sabiendas sufrimiento gratuito (evitable) nos relega directamente a la
categoría de criminales, con el
diccionario en la mano. Causar daño a nuestros semejantes –sean perros,
tortugas, arenques, guacamayos o humanos– nos envilece hasta nuestras más
hondas raíces. Por eso la solidaridad global –sin las absurdas trabas del
color, del género o dela de la especie, mandangas al fin y al cabo– debiera
enseñarse en las escuelas antes que cualquier otra disciplina. Creo.
( marzo 2015
viernes, 27 de febrero de 2015
LA NIÑA DE BESCANSA
Se hizo
famosa en su momento “la niña de Rajoy”, que, pobrecita mía, ni existía, siendo
como era una metáfora [cursi] para la ocasión. Y, por el contrario, está
pasando desapercibida otra niña, esta de carne y hueso, paseada en brazos de su
madre por arengas mitineras y ruedas de prensa revolucionarias. La niña no lo es tanto, pues
aparenta talludita, a pesar de lo cual siempre se la ve en brazos de mamá
política. A mí, como si se echa al hombro el sofá rinconero de la sala de
estar; cosa suya. Pero no puedo por menos que dejar aquí una reflexión al
respecto. Me refiero al exhibicionismo
que ciertas personas hacen de su prole –o al menos así me lo parece a mí–,
sabedoras de que casi nadie va a osar cuestionarlas. Menos aún habiéndose
convertido en “políticamente correcto” llevarse a la criatura al escaño, para
que levante la manita al unísono que mami
(o papi, aunque estos casos se
observan más escasos; todo llegará). A estas alturas del artículo, es
seguro que algunos y algunas ya me habrán colocado la consabida etiqueta de
“facha”; o la de “fascista”, que ahora se lleva mucho así que oses aflojar el
puño en alto. Es lo que hay; y, la verdad sea dicha, a un servidor le afecta
más bien poco. Me consta que hay por ahí quien tiene por cierto que, siendo
vasco y barbudo, se es por defecto de la eta.
Aquí todo está inventado.
Viaja la
niña de Bescansa encantada de la vida en brazos de mamá, o saltanto de regazo
en regazo de sus correligionarios (los de la madre), mientras tito Pablo ofrece
al entregado auditorio lo que este quiere oír, traído el aplauso encendido y
empaquetado de casa. ¡Comodísimo!
Oí en
cierta ocasión hablar de los niños tesoro,
refriéndose el hablante a esos locos bajitos que se las saben todas para
conseguir lo que quieren, fruslerías o no, y se las arreglan igual de bien para
hacerse los longuis con aquello que
no les interesa: asumir responsabilidades, el respeto por los demás… Sí, me
refiero a esos que aprenden raudos sus derechos
y remolonean con sus obligaciones;
que las tienen, por muy enanos que sean. Definiciones algo más estrictas los
tildan de pequeños dictadores. Siendo
el diagnóstico dado por expertos en la materia, no seré yo quien les enmiende
la plana. Y pensarán, con cierto juicio, qué relación pueda existir entre
cierto perfil psicológico infantil y la niña de Bescansa. Es muy probable que
ninguno.
¿Tiene derecho la mencionada ciudadana a llevar a su niña a donde
le plazca? ¡Todo! ¿Conculca algún derecho fundamental ajeno haciéndolo? No, que
se sepa. Mas se niega la entrada en la
mayoría de espacios cerrados al perrillo mejor educado del mundo, mientras se
abren las puertas de par en par a una horda de críos gritones e hiperactivos, a
los que encima hay que mostrar la mejor de las sonrisas, a riesgo de que seas
–de nuevo– tildado de facha y fascista. Es lo que tiene pensar:
que exige una muy generosa espalda donde colgar tan gruesas etiquetas.
Termino. Si
a los pequeños a quienes se lleva con frecuencia al zoo como pasatiempo dominguero acaban por considerar a los animales
enjaulados y sometidos al régimen humano como “el orden natural de las cosas”,
me pregunto si acaso no supondrán un caso similar al frecuentar ciertas
escenografías ideológicas.
( febrero 2015
viernes, 20 de febrero de 2015
HUMORES
Dicen que
“el humor es la sal de la vida”. Y será verdad, aceptada la frase como paquete. Pero recuérdese que lo mismo que la sal
potencia el sabor de los alimentos, escuece en la herida.
Se define formalmente el humor como “El modo de presentar, enjuiciar o comentar
la realidad, resaltando el lado cómico o ridículo de las cosas”. Hay quien
lo presenta como la única alternativa al pesimismo: “Reír para no llorar”. Y quien lo justifica a partir de la misma naturaleza
humana: “El hombre sufre tan
terriblemente el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”. En el
fondo, el humor trata de rescatar a la gente de la infelicidad, de los traumas
vitales.
Humores hay
como colores: para todos los gustos. Siendo tan inmenso el escenario, procede
clasificarlos en clases (según el soporte comunicativo, por ejemplo: verbal,
gráfico, escénico…), géneros, subgéneros y subgéneros de subgéneros. Así, está el humor negro (o blanco), el humor satírico,
el humor absurdo… ¡y hasta el humor humorístico! Pero hay un humor
igualmente clasificable, aunque de muy difícil etiquetaje. Lo llamaré aquí
“humor criminal”, por evitar otros calificativos que, aunque ásperos, le harían
sin duda mayor justicia.
Por cuanto
al género del humor verbal –por mucho reconocimiento que merezca el ingenio del
autor o autora–, supongo que tiene poquita gracia aquello de que “Ana Frank ostenta el record mundial del
juego del escondite”; o que, “En su
momento, Hacienda denunció a Ortega Lara por no declarar su segunda vivienda”;
o el convencimiento de una chica adolescente (afectada de Síndrome de Down) a la que “no
le baja la regla porque tiene un retraso”. ¡Acojonante (que no descojonante)!
Lo mismo pasa con el humor escénico que se exhibe
durante los carnavales. A través de él podemos ver los ya clásicos disfraces de
enfermeras peludas, agentes de policía megamaricas, o a los pingüinos que
sobraron de aquella carroza ochentera, y que aún deambulan –ya desagrupados– por
calles y plazas en tales fechas. Y luego siempre hay quien, con un sentido del
humor como recién salido del esfínter, se disfraza de Bin Laden, de exhibicionista
pedófilo o de francotirador. Para gustos. Y para ascos.
Lo último en este particular y vomitivo género lo hemos
podido ver en Mataró (Barcelona), donde algunos graciosetes se disfrazaron de guardia urbano con maceta en la cabeza,
en clara emulación al policía local que quedó parapléjico tras recibir el
impacto de un objeto contundente (se supone que un tiesto relleno) lanzado
desde una azotea durante unos incidentes callejeros en febrero de 2006. Y yo, que soy bastante rarito, prefiero descender a los
hechos cotidianos antes que quedarme en la crónica periodística, e imagino el
proceso que necesariamente tuvieron que pasar estos muchachos para acabar saliendo
a la calle de esa guisa, y encima hacerse fotos sonriendo a la cámara. Me
refiero a que, en un momento dado, alguien tuvo que sugerir la idea al grupo,
sin que, al parecer, nadie osara mostrar un gesto amargo; alguien tuvo que
asistir a las sucesivas reuniones para consensuar detalles: traje completo,
maceta, flores, pegamento, papelillo con signo de interrogación… Estos tipos
tuvieron que quedar más de una tarde para desempaquetar, unir y montar
elementos, todo entre risas y guasas, que para eso son las fiestas. Y también desde
mi calidad de “rarito” me surgen preguntas: ¿nadie les afeó la conducta en la
vía pública?; ¿de verdad empeora el hecho si se es hijo de un político en
activo?; ¿tuvieron que explicar a algún despistado la razón de su disfraz?
Trata ahora su defensa jurídica de justificar tamaño
despropósito, aduciendo que, en realidad, quisieron con ello escenificar la duda
que se expande sobre el Caso 4F; que su coral disfraz era
en realidad poco menos que un “acto reivindicativo” contra la injusticia. Ya… A
este paso, acabaremos oyendo al abogado de turno defender a su representado,
violador convicto y confeso, manifestando que no dispone de recursos económicos
para pagarse sus vicios. Al tiempo.
[*] Escribí
este artículo para el magacín digital AllegraMag.
( febrero 2015
domingo, 15 de febrero de 2015
LOBOS VASCOS SÍ, POR
DERECHO PROPIO
El lobo
debe aparecer “por derecho propio” en el Catálogo
Vasco de Especies Amenazadas. Es lo que 24 organizaciones solicitaron
formalmente al Gobierno de Gasteiz hace unos días, avalada la petición por un
completo informe técnico. La solicitud establece un hito doble. Por un lado, es la
primera vez que entidades “civiles” dan el paso para la inclusión de una
especie en dicho catálogo (pues hasta ahora siempre habían sido las distintas
administraciones competentes). La otra es el alto número de apoyos recibidos. Entre otras cosas, ello significa que el
Ejecutivo deberá ofrecer una respuesta argumentada (ratificada por su
correspondiente informe), y no limitarse a un mero “sí” o “no”.
Varias veces
se interpeló al Gobierno sobre las razones para la ausencia de una especie tan
emblemática como el lobo (en calidad de gran predador, ocupa él solito la
cúspide de la famosa pirámide trófica). Primero argumentaron
para su negativa que “El lobo no cría en
Euskadi”. Se comprobó que sí lo hacía. (Y, además, otras especies tampoco
sacaban a su familia adelante en suelo vascongado, lo cual no les impedía aparecer
ahí). Volatilizada la primera excusa, se argumentó luego que la especie “Goza de buena salud en el resto del Estado”.
Este era el caso, en efecto, de un buen puñado de otras especies, todas en la
lista. Ahora ya no saben que responder, y prefieren dejar pasar el tiempo, por
ver si los ecologistas y animalistas se olvidan del tema. Pero va a ser que no.
Las razones
para la solicitud se muestran contundentes, y pasan por que la especie cumple
todos y cada uno de los requisitos exigidos para su incorporación inmediata; o
que, de seguir esta dinámica, la situación será por completo irreversible. Y
por “dinámica” hemos de entender en este contexto la persecución sin tregua a
todo lobo que ose pisar Euskadi. Tenga o no pareja; tenga o no cachorros; tenga
o no culpa. Añadamos que la “culpa” del lobo pasa por la necesidad de condumio,
como todo hijo de vecino, solo que a ellos se les pone a pedir de boca una
estantería repleta a la que ninguno renunciaríamos llegado el caso. Hablo de una ganadería
en muchos casos “de fin de semana”, pues se dejan los animales a su suerte
hasta que el sábado sabadete al dueño se le ocurre hacer una escapadita al
monte a comprobar si sus posesiones continúan intactas. Mejor si lo decimos clarito: ¡esto ni es pastoreo ni es nada!
Conste que, en calidad de animalista, no lloraré el día que desaparezca el último
pastor. Creo que ha de establecerse cuanto antes otra forma de relación entre
humanos y animales, muy distinta a la explotación y al sacrificio sistemático
en plena juventud. Pero bajo por un momento los pies al suelo para el caso que
nos ocupa, y manifiesto mi coraje ante la afectada indignación de según qué
urbanitas esnobs cuando les tocan su hacienda, mientras ellos se ponen hasta el
culo de chuletones en la sidrería más cercana.
Aunque ya lo dejé escrito en otras partes, no está de más recordar aquí que, si de intereses se
trata, los lobos también los tienen, ya me contarán ustedes si no. Y de
bastante mayor calado que otros actores del escenario. Porque digo yo que mayor
será el interés en sobrevivir que en el de sacarse unos cuartos extra, o
incluso en perder una ínfima parte del patrimonio.
Me entero de que en Alemania, por ejemplo, la
administración correspondiente “induce” a los ganaderos afectados por la
entrada de lobos desde Polonia a “reconvertir” su actividad en cierto grado:
dedicación exclusiva, protocolo de avistamiento y comunicación de ejemplares…
Si al año se comprueba que no ha cumplido su parte del pacto, se le retiran de
inmediato las posibles compensaciones económicas.
En el apartado de las paradojas, baste recordar
que algunas especies “problemáticas” e incluso ocasionalmente homicidas (el
Tigre de Bengala en la India) gozan de una estricta protección legal, mientras
que los lobos vascos (“solo” ganadocidas,
y en grado mínimo) siguen desamparados y en un permanente punto de mira.
El lobo
forma parte de nuestra cultura, de nuestra iconografía, de nuestros cuentos. El
“lobo malo” no existe. No al menos en mayor grado que el “hombre malo”. Hagamos
que comience a formar parte también de nuestra ética.
( febrero 2015
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