miércoles, 12 de enero de 2011



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¡ANIMALITOS!
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¿Cómo consiguieron sus antiguos habitantes erguir aquellos mastodónticos bustos en las laderas de la Isla de Pascua? ¿Adónde van a parar las aeronaves y los barcos que desaparecen desde hace décadas en el famoso Triángulo de las Bermudas? ¿Existe vida inteligente en otros planetas? Es más: ¿acaso existe aquí, en el nuestro? ¿A qué destinan su tiempo los y las estudiantes de Ciencias de la Información, vulgo Periodismo, durante su paso por las aulas? He aquí un escueto listado de enigmas a los que el Hombre, animal racional por excelencia, aún no ha sabido ofrecer respuestas satisfactorias. Por supuesto que se barajan hipótesis más o menos plausibles para explicar lo de los cabezones de piedra: pudiera haber sido un ingenioso sistema de transporte a base de rodillos de madera estratégicamente colocados en el suelo, conjetura cargada de lógica. Y lo del misterioso triángulo, quién sabe si un remolino ocasional deglute en un santiamén todo cachivache habitado que ose surcar la zona. A lo mejor se trata de un gigantesco desagüe y sencillamente nadie ha conseguido hasta la fecha plasmar en imágenes el trágico momento de la succión. En cuanto a lo de la inteligencia en las galaxias interestelares, al menos estaremos de acuerdo en que primero habrá que consensuar una definición inequívoca sobre el propio concepto de “inteligencia”, para evaluar después dónde la hay y cuánta. Todos temas de máximo interés, no seré yo quien lo niegue, pero cuestiones menores a fin de cuentas. Menores desde luego si las comparamos con el último de los ejemplos expuestos, la indescifrable incógnita de en qué emplean varios años de su vida los jóvenes que un día, por sólo sabe dios qué motivos, decidieron dedicar parte de su existencia a formarse en el ínclito oficio de periodista.
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ESTIGMA [autorrelatos]
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© enero 2011
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