viernes, 16 de mayo de 2014



PALOMAS, PALOMITAS…


Las aves generan sentimientos contradictorios en los seres humanos. Por un lado, recurrimos a ellas a través de metáforas e incluso las convertimos en iconos a la hora de transmitir algunos de los valores que más apreciamos, como la libertad o la paz. Por otro, las aniquilamos en masa a través ciertas prácticas deportivas, o las sometemos a la más cruel de las esclavitudes para obtener algunos de sus “productos”. Ello no es sino una clara muestra del desequilibrio moral con que la comunidad humana percibe a los animales con los que comparte planeta. En efecto, mientras algunas especies gozan de la protección legal y la estima general de la sociedad, no mostramos hacia otras el más elemental respeto, por lo que las reducimos a simples objetos de consumo en multitud de campos. Por lo que a las aves respecta, un ejemplo que ilustra de forma dramática esta realidad lo encontramos en las palomas urbanas, consideradas auténtica “peste” por las administraciones y aun por muchos ciudadanos.

Cada año, cientos de miles de palomas urbanas son capturadas y exterminadas por los ayuntamientos españoles. En realidad, y aunque la razón oficial sea la del “control poblacional”, todo apunta a que se trata de una medida irracional, que a medio plazo no soluciona nada, dado que a los pocos meses del descaste la densidad de aves recupera su nivel. Muchas de estas políticas parten de estudios obsoletos (a veces confeccionados décadas atrás), que no tienen en cuenta factores como el ratio entre hembras y machos, o el porcentaje de animales enfermos. La actuación municipal se limita a matar varios miles y punto; y lo hace capturando sin demasiados miramientos a las víctimas, para luego gasearlas por grupos en dependencias municipales.

Toda esta locura se pone en marcha por las denuncias de los vecinos (de unos muy concretos, que además son los mismos que se quejan por otras muchas situaciones (¿quejicas patológicos?), molestos por la suciedad que los animales generan… ¡como si precisamente los humanos pudiéramos presumir de ser una especie pulcra! Resulta difícil no ver en esta actuación municipal una especie de “tributo político” a ese pequeño sector ciudadano quisquilloso con casi todo. De esta forma, las administraciones locales se blindan ante la ciudadanía con el argumento simplista de “nosotros ya hemos hecho lo que estaba en nuestras manos; no nos exijan más”.

Algunas urbes ya han probado sistemas no traumáticos para el control de aves con suficiente éxito, mientras que en nuestro ámbito geográfico se siguen obviando estas y otras iniciativas humanitarias. Todo ello convierte a la eliminación física de palomas en un crimen execrable.

Pero hay un aspecto especialmente preocupante si de doble moral hablamos, pues mientras las perseguimos con saña inusitada, continuamos recurriendo a ellas como símbolo de concordia y de buenos deseos en actos reivindicativos, y las “liberamos” emocionados de las cajas donde han pasado horas apretujadas, sin siquiera pensar que también ellas merecerían ser destinatarias de nuestra consideración, y que por lo tanto deberíamos dejarlas en paz y tratar de resolver los conflictos entre humanos por nuestra cuenta y riesgo, sin necesidad de involucrar a terceros.

Es poco conocido el hecho de que las palomas se emparejan de por vida (son, en efecto, monógamas), y que, en consecuencia, la muerte de uno de los miembros deja en estado de viudedad al otro. Sí, descojónense si eso les relaja, pero la pérdida de la pareja sentimental es una putada para todo el mundo, y no solo para los humanos. Quién sabe si los ancianos que las alimentan en parques y plazas lo saben por experiencia propia y hay en su comportamiento algo de emociones no contadas…

Conozco gente que curó en su momento una paloma herida y acabó formando parte de la familia durante más de veinte años. Gente que las libera de las jaulas destinadas a la cámara de gas. Gente que devolvió al pichón desubicado a su cornisa y vio cómo durante semanas los padres lo alimentaron con primor y dedicación, hasta que echó el vuelo. Gente que se organiza y las defiende.


No albergo duda alguna sobre el hecho de que el crimen que cometemos con las palomas urbanas es por completo desproporcionado, un castigo del todo injusto por una cagadita en la chaqueta. Aunque sea el día de tu boda.



[*] Ver más artículos animalistas en Allegramag



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