viernes, 11 de julio de 2014



RECURSOS SANITARIOS


A diario se trae a colación el tema de los recortes, y de manera especial de los que afectan a la sanidad, cosa esencial para cualquier animal sensible que se precie, y los humanos lo somos, que yo sepa. Pero uno echa en falta que los y las que protestan no incluyan en sus reflexiones –al menos yo no lo percibí– la posibilidad de `reorientar´ ciertos recursos sanitarios: se quitan de aquí y se ponen ahí. ¿De dónde quitarlos? Esta es una buena pregunta. De aquellos escenarios donde gente egoísta se divierte a costa del malestar ajeno y animal, por ejemplo. No sé si esta es una buena respuesta, pero al menos me parece de momento razonable.

Cada mañana nos desayunamos desde hace unos días con una carrera alocada de mozos y morlacos: borrachos de adrenalina aquellos, aterrorizados estos. Porque los toros que corren los encierros de San Fermín están cagados de miedo, por si alguien aún no se ha dado cuenta. Si no, ¿de qué van a ir en dócil manada, pudiendo escorarse en cualquier punto del recorrido y ensartar a unos cuantos “valientes” cual pincho moruno? Aterrorizados, insisto. La cosa no tiene otra explicación, y si nos empeñamos en encontrarla lo que estaremos haciendo es maquillar el escenario para que parezca lo que no es. Estrategia muy “humana”, por cierto.

Hace unos días, cierta entidad animalista proponía que no se atienda a los heridos que lo sean por participar motu proprio en los encierros. Así de claro. Que se les abandone allí, en el recodo de Estafeta o bajo la talanquera de turno, donde les toque la desdicha, como de hecho se abandona a su suerte a los toros en la plaza esa misma tarde, entre estertores y vómitos de sangre, ahogándose en sus propias babas ante un graderío borracho, este de vino agrio e insensibilidad manifiesta. Por supuesto, es una propuesta provocativa; pero se trata de una “provocación didáctica”, por lo que me cuentan.

¿Qué opinan ustedes? ¿Creen que con la que está cayendo –¡y aunque escampe y salga un refulgente sol para los restos, qué demonios!– podemos permitirnos el lujo de atender a unos tipos a los que poco o nada les importa el sufrimiento de los toros si ellos pasan un buen rato (¡apenas unos segundos!)? Hay gente que cree que esto no puede ser. Que no es de recibo destinar una sola tirita, un solo chorro de Betadine, un solo centímetro de sutura a un herido de estos mientras medio país sufre –en mayor o menor medida, pero desde luego en alguna– unos recortes que se mitigarían con la propuesta mencionada.

¡Hala, a opinar, que es un ejercicio la mar de sano!


© julio 2014


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